El es un chofer. Ella es una pasajera.
El la corteja en silencio, la espera cuando ella se retrasa al horario.
Ella le sonríe al subir, le toca el hombro junto a su cálido “ buen día”.
El le regala el boleto, se pelea con todos para que no lo saquen del turno.
Su amor brutalmente platónico se remite a esos 5 segundos en el cual sus miradas se entrecruzan y se sonríen y luego, mordiéndose los labios el enmudece, y piensa en lo tonto fue al no decirle lo que verdaderamente siente y espera ansioso el nuevo día para volver a verla en esos 5 segundos de vida y de muerte, en esos 5 segundos de amor fugaz de colectivo.
viernes, 10 de julio de 2009
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